LA SOPA EN LA MIEL Nº 108
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LA SOPA EN LA MIEL (Nº 1)
A la memoria de Fefu Junco Haces, peredana de pro.
La importancia de los refranes, hermanos bastardos del Evangelio.
1º): “Caer la sopa en la miel”. “Cayóle la sopa en la miel”.
“Cayóme la sopa en la miel”. “La sopa en la miel”.
Se trae a colación este refrán cuando una cosa sucede muy a pedir de boca.
Hago de este primer refrán con tres variantes -que tan a flor de boca tenía mi madre-otulo y cabecera de esta primera serie de aroculos.
Gonzalo Correas, catedrático de Trilingüe y recopilador del mejor refranero
Gonzalo Correas, conocido popularmente como “el maestro Correas”, catedrático de Trilingüe (laon, hebreo y griego) en la áurea Salamanca del siglo XVII e ilustre personaje placentino, supo aunar, con el mismo interés, ciencia clásica y sabiduría popular. Fue, a un tiempo, eximio maestro de sus discípulos y ávido alumno de los aldeanos del otro lado del Tormes, pues compaginó su tiempo, apostado en el puente romano de esa ciudad, recogiendo refranes a quienes se acercaban a ella; lástima que en aquel tiempo, y tras cada refrán, no se tomara, también, nota de los informantes, que fueron su fuente nombre y apellidos, años y procedencia, para recordarlos hoy con devoción.
Correas sigue vivo en nuestra memoria y en nuestros corazones, por los dichos que recopiló en su VOCABULARIO DE REFRANES Y FRASES PROVERBIALES (1.627); probablemente, el mejor refranero español, y para mí, libro permanente de cabecera y como un tercer abuelo.
sigo la edición de Luis Combet, revisada por Robert Jammes y Maite Mir-Andreu. Castalia 2.000.
Los refraneros han sido para las familias españolas un vademecum co8diano de conducta y así lo recoge el propio Correas cuando afirma: “Los refranes son hermanos bastardos del Evangelio”. “Los refranes son Evangelios chiquitos”. “Los refranes viejos son Evangelios pequeños”. “Los refranes viejos son profecías”; o “son como profecías” (refranes nº 1.592 y 1.593).
Una familia parraguesa mantiene vivos 200 refranes antiguos
En la década de los años 60 fui consciente de que el tesoro familiar que había aprendido en mi infancia en Bolao estaba “acabando” o moribundo, con la desaparición de las personas mayores; entonces comencé a anotar en un cuaderno un vocabulario de términos, canciones y refranes.
Dentro del proyecto Fuentes Etnográficas en la Novela Picaresca Española (1.984), que dirigía en el Consejo Superior de Investigaciones Cienoficas don Julio Caro Baroja, se me encargó que contrastara los textos de los Lazarillos con el Refranero de Correas (para las reuniones de trabajo con los hispanistas franceses que participaban con nosotros). Así fui redescubriendo que 200 refranes, dictados tópicos y frases proverbiales del Correas -al pie de la letra o con variantes- seguían vivos en Bolao, utilizados a diario por mis abuelos maternos, Jesús Gutiérrez González (conocido también como “Parres”) e Isabel Amieva Cué. Algunos refranes se recogieron también en el entorno de amistades más cercano. Iremos analizando los materiales de las dos versiones
por entregas mensuales, a lo largo de este año 2026.
No es fácil saber cuándo nace un refrán y sobre todo dónde; por eso nos sen8mos muy afortunados al poder ofrecer, en estas primeras tandas,
un suculento manojo de refranes nacidos en Llanes
2º): “Entre Parres y Porrúa hay una grande ciudad,
sardina que el gatu lleva esa bien segura va” (Versión llanisca).
Se unen en esta letrilla del Pericote, como míto y como refrán, dos ideas, ajenas la una a la otra. La que ocupa el primer hemistiquio nos lleva a la creencia de hecatombes en culturas y poblaciones ya sumergidas y sumidas hoy en el olvido, que tuvieron lugar en siglos dorados antiguos, cuando los animales hablaban; en tiempos popularmente conocidos como “de Maricastaña”; en este caso “una grande ciudad”-entre Parres y Porrúa-, o sea: en la ería. Idea mítica que parece nacida de una intencionalidad jocosa.
Si cambiáramos esa letrilla mítica de una ciudad escondida, por la obscena realidad de habitat y paisajes sacrificados en aras del progreso durante los últimos 50 años, no pararíamos de llorar añorando los siguientes pequeños paraísos perdidos, entre erías: las olvidadas ruinas de san Lázaro de Cañamal y, desde ahí, el ascendente y primitivo camino de Santiago por el norte, hasta llegar al santuario del Cristo del Camino; el bucólico paraje de Ortiz; La Cuestina del Cristo; el risueño paisaje de La Velilla con su ermita, en el término de La Galguera; la Bolerina de la Arquera y parte de su ería hasta el molín de la Vega, a los pies de Piedravellida; el arrasado lugar de Cuartamenteru con su manantial y cueva prehistórica; el Cuetu de la taberna con su humilladero de Ánimas; la ería de Melendro y la de Soa, en tierra ya parraguesa, hasta dar con esa
“grande ciudad”, y oculta, que canta el Pericote.
El segundo hemistiquio de esta letrilla del Pericote:
“Sardina que el gatu lleva, esa bien segura va”,
es variante llanisca del refrán de Correas que dice: “Sardina que el gato lleva, gandida va” (El Diccionario de americanismos y el DRAE refieren con el término gandida “a persona comilona y hambrienta o golosa”, que engulle la comida). El desuso del verbo gandir en España, salvo en alguna comarca zamorana, provocó que se deturpara el significado de “gandida” por “vendida” y de ahí ha quedado fosilizada como “segura”
en esa letrilla de nuestro Pericote.
3º): “Apártate, Barru y Niembru, que allá van Celoriu y Póo”.
4º): “Caiga Cuera sobre Mañanga”.
Se echa mano de este refrán ante una decisión de total riesgo, pase lo que tenga que pasar, asumiendo de antemano, con entereza y responsabilidad, el mayor desastre o hecatombe que nos pueda sobrevenir. Aquí sí estamos tratando de la temible intervención de un coloso geográfico humanizado, airado y como suicidándose, el Cuera, en una epopeya trágica, por otra parte, no exenta de belleza. Que se desplome literalmente el Cuera sobre la mansa Mañanga sería para mí la mayor tragedia paisajística imaginable. Si nos tocara presenciar semejante hecatombe no habría mejor mirador que el corredor (o el cuetu) de la casería de Bolao de Arriba, donde, a mis cuatro años, una mañana de abril, por primera vez -ya con la cabeza por encima de la panda- fui consciente de la desbordante hermosura de la Naturaleza que me rodeaba.
El último ramal del Cuera hacia la mar es el Texeu, que (en acertadas palabras de mi predecesor y amigo, Ignacio Gracia) es como la cubierta de una ciclópea catedral y riestra horizontal de 17 cuestas , cada una con su riega, que son los arbotantes que la sostienen, cuyos nombres, de oriente a poniente, son: el Castiellu, la Raíz, Copiñuelu, la Ballaresta, el Caballu, el Cárabu, la Porcuza, la Salgar, la Ventosina, la Ventosona, la Pereda, Piedra, el Pindal, el Traveseu, Sopeña, Sopiniella y Mazacarabia. Entre los diques del Castiellu y Rumoru esa inmensa arquitectura parece navegar en paralelo sobre el prodigioso valle de Mijares. Al pié está la Mañanga, entre las poblaciones y las cuestas; bosque nunca mancillado y muralla invisible separando el pastoreo de la agricultura, secularmente respetada por el hombre. Pero llegó la fiebre del eucaliptus, en los años 40, sofocando arbolados primigenios y pastos perennes de cabras y ovejas con sus cabañas de invierno. Desde ese momento podemos decir con verdad que comenzó a caer y decaer Cuera sobre Mañanga.
De ahí, siguiendo hasta la villa, lugares y aldeas con sus erías,
y después el mar.
Contamos con dos santos de altura protegiendo este valle de Mijares: el arcángel Miguel, desde Purón (con su iglesia, que gozó de derecho de asilo, como la parroquial de Llanes) y, en el Mazucu, el Ángel de la Guarda “vestido de gracia” en su ermita del tamaño de una alcoba,
a la que se va en romería el primer día de marzo.
En el Texeu no quedan ya texos haciendo verdear los roquedos y “cárcobas”; ya no se siega el rozu en las cuestas (cada pueblo tenía la suya) como mullíu para la cama de los animales domésticos. ¡Apenas quedan cuadras ni ganados! Desde lejos veíamos las cuestas como remiendos vegetales sobre un tapiz
inmenso de colores musgosos y pajizos.
Dos pirámides sagradas y protectoras sobrepuestas:
el Castiellu en la antigüedad y la Guía después.
a) Sobre toda esta epifanía de maravillas sobresale una totémica divinidad, ancestral cancerbero, vigilante guardián y sagrada pirámide protegiendo el Cuera y la Mañanga: el picu Soberrón (¿del laon sub varrone?)
para los de la villa, y Castiellu la llaman los del valle,
con la cueva de la Mora como boca.
5º): “Del Cristo se ve la villa”. Se echa mano de este refrán como respuesta intencionada, anticipándose a quien pretende conseguir
su propósito con ocultación.
6º:) “Cuando tú vienes pol Texeu ya voy yo pol prau Bernardón”. Se emplea con el mismo sentido que el refrán anterior: cuando una persona se adelanta en intención a otra, en este caso utilizando dos topónimos, el Texeu y el prau Bernardón. Fue de uso común entre los pastores, especialmente de Parres y la Pereda, que subían y bajaban de contino a los menesteres de su oficio, en este caso la elaboración y venta del queso y la importancia de la lana.
El prau Bernardón está ubicado en una pequeña llanada y confina con la cuesta del Caballu, lindando con los Molinos y las Pisas; por tanto, mucho más cercano al punto de destino que el Texeu, si la andadura es de bajada.
8º): “Sant Hilar de La Pereda caga en casa y mexa juera”. (Recogido a Ricardo Gómez Gutiérrez, familiar y amigo, familiarmente, “Ricardín”).
Este texto, que pudiera parecer exclusivamente escatológico, es en realidad una adivinanza; lo que, de críos, denominábamos “una cosita cosiliega” ¿Qué cosita cosiliega es: “Sant Hilar ena Pereda caga en casa y mexa juera?”. La razón de este tan sorprendente texto proviene de una norma litúrgica establecida entre los siglos IV y V, aunque era ya antes costumbre generalizada, según la cual las iglesias debían construirse con la cabecera orientada al Este y los pies al Oeste. Valgan como ejemplos llaniscos la parroquial o basílica; la capilla de la Guía; la de la Magdalena; las parroquiales de Parres y Cué, los monasterios de San Salvador de Celorio y San Antolín de Bedón y la capilla de San Hilario o Sant Hilar en la Pereda, desgraciadamente destruida a finales de los años
50 o inicios de los 60.
Conocí a una señora parraguesa que, de cría, creía que los ricos (que debían de ser para ella los de la cercana casona de los Valeiro) no cagaban ni meaban, “cuantu si más” un santo obispo de báculo y mitra. Contaban algunos ancianos de la Pereda que, entiempos pasados, acudían muchos devotos a esta ermita por ser, San Hilario, milagroso abogado de los buenos partos.
Creo estar seguro de que este refrán habría sido muy del interés
del maestro Correas.
11º): “Nube en el Cuera tres días espera”. Quiere decir que, en esta cordillera, la tormenta no descarga en un día y anda remoloneando tres.
12º): “Como la gocha de Requexu”. Se dice peyorativamente de una persona, muy entrada en carnes y con dificultad para caminar, como la cerda del dictado tópico; en aquel caso por paridiega o de simple engorde-. Fue célere en todo el contorno. Requexu es lugar de Parres, situado en una revuelta muy pronunciada, de donde le viene el nombre, limítrofe con la Pereda y de una sola vivienda, ahora ya arruinada y tomada por la maleza.
13º): “Vas a durar más que el cuetu Rexelles”.
Desconocemos porqué la sabiduría popular atribuye a este cueto el don de la perdurabilidad, entre los innumerables que pueblan la comarca de Llanes. Este refrán suele decirse de la persona anciana y con salud, suponiendo en ella longevidad, o para darle ánimos si le faltan.
14º): “Voy a doblate o voy a doblar tal cosa al picu Turbina”.
Se utiliza esta fórmula cuando una persona está perdiendo la paciencia por la impertinencia de un niño con un objeto molesto; también cuando alguien se siente muy descontento por el nefasto resultado de un utensilio
o de una prenda de la que se esperaba lo mejor.
15º): “Por San Hilario llega el sol al Sillón; por San Antón, al Picón, y el día de las Candeleras entra el sol en cualquier reguera”
(recitado por Águeda Santoveña H., de la Pereda).
Los pastores, buscadores del sol y de la luz como fuente de vida y profundos conocedores de la naturaleza y de la topograia local, palmo a palmo, seguían atentos el calendario y el santoral, marcadores de las pautas diarias y fes8vas, con un itinerario de transterminancia estacional interna y bifronte: durante el invierno en las cabañas de Mañanga y en verano en las del Monte. Los martes, en el mercau se preguntaba a las pastoras: “¿Fulana: estás arriba o estás abaxu?”. Los habitantes de la Pereda, más cercanos a las faldas del Cuera, como es el caso de los de la Vega Quintana, a partir del mes de octubre -época que en Llanes denominamos “el tardíu”- se esconde el sol a las 4 de la tarde, con un seguimiento cotidiano, casi como adoradores del sol, especialmente
en las tres fechas santas que señalan el nacimiento de este refrán: San Hilario el 14 de enero, San Antón, el 17 y la Candelaria, el día 2 de febrero. Los lugares a los que llega el sol son: el Sillón y el Picón en el Texeu y las Regueras o Riegas; arroyos estacionales que separan las 17 cuestas.
16º): ¡Me cago en las trébedes…!
Tuvo que pasar más de medio siglo hasta que mi amigo y pariente, Ricardo Gómez Gutiérrez -profundo conocedor de la cultura tradicional- me desveló el enigma de este refrán, que tenía dos ramales ocultos y solapados, parece que sólo conocidos en su texto completo por Ramón Vidal Junco: “Pilón” (también parragués y “de muchu criteriu”, a decir de mi tío Bartolo); salvando así del olvido estos importantes testimonios que enunciamos a continuación:
17a): Me cago en las trébedes que rustieron las hostias a las
Once mil vírgenes”
(referido a la leyenda de Santa Úrsula).
17b): “Me cago en las trébedes que rustieron las primeras
rustideras o papillas del Niño Jesús”.
He de señalar, en primer lugar, que estas dos fórmulas, desarrolladas, son tan largas que resultan diicilmente creíbles para proferir como blasfemias, en un estado de arrebato y de ira sin atragantarse. La variante segunda, que hace referencia a las papillas del Niño Dios, muestra una delicadeza creadora, diicilmente concebida con desamor. Dudo que el anónimo autor encubra malignidad porque esta fórmula, en vez de blasfema parece acercarse más a un angelical villancico. Creemos que no hay blasfemia, stricto sensu, en estos dos ejemplos; quizá podría considerarse irreverencia hacia las trébedes si las consideramos verdaderas reliquias por contacto. Por si algún lector se sin8era escandalizado o molesto con estos dos textos, debo añadir que la blasfemia como género es objeto de estudio en la disciplina de antropología cultural, con ejemplos de eminentes investigadores eclesiáscos nada sospechosos de heterodoxia (véase, sobre este tema, el aroculo del mallorquín, Padre Gabriel Llompart Moragues, de la Orden teatina: “Blasfemias y juramentos cristológicos en la Baja Edad Media mallorquina”).
18º): “Paez la jambre de Celoriu”. “Paez la sede de Celoriu”.
En el coro alto de la parroquial de San Salvador de Celorio, antes monasterio benedicttino y sobre la viga imprenta o maestra, sobresalen y llaman la atención dos cabezas de madera tallada, conocidas tradicionalmente como “la Jambre” y “la Sede” (el Hambre y la Sed) que, de niños, nos atraían vivamente y con curiosidad, aleccionados en el interés hacia estas piezas por nuestros mayores. Máscaras trágicas con los supercilios en ángulo, cóncavas lunas en menguante con muy viva expresión de padecimiento. Mi abuela Isabel teatralizaba ante mí imitando a las dos máscaras que alampaban, una de sed y otra de hambre; yo permanecía en su “somantu”, cara ella, entre aterrado y gozoso.
Me he preguntado de mayor por la función doctrinal de estas dos piezas en un templo y ocupando un espacio tan llamativo. Iconográficamente podrían muy bien ser la representación de dos condenados en el infierno o, quizá mejor, sufridores temporales en el purgatorio, si tenemos en cuenta (en frente en su retablo) a la tan poderosa y afamada imagen devocional del Carmen de Celorio; especialista en sacar las ánimas del purgatorio. Si las dos máscaras pasaran inadvertidas y no tuvieran un porqué religioso o simplemente “edificante”, que desconocemos, se hubiera buscado para ellas un espacio más discreto y reservado; licencias al antojo del comitente o del propio entallador.
Pensemos en las misericordias de las sillerías de coro,
o en las predelas de los retablos,
que acogen en ocasiones temas profanos, cuando no abiertamente escatológicos y procaces, que no constan en las cartas de obligación.
Una persona muy autorizada afirmaba recientemente que estas dos figuras eran retrato de un tenor y un barítono. Desconozco si existe algún documento que confirme esa teoría; resulta diicil poder sostener que estas cabezas sean el resultado de un retrato por encargo de lo que se conoce como “verdadero retrato”, ni tan siquiera de una caricatura; salir a escena,
y menos que poseen dos cantantes prestigiosos:
¡uno sin un solo diente y el otro con solamente tres “racos ralos”!
Estas figuras salían (y salen aún) a relucir en casa siempre que se paroa a una persona, por lo extremadamente “desemeyada” y fea,
con estos tan acostumbrados dichos:
“Paez la Jambre de Celoriu”. “Paez la Sede de Celoriu”.
Alegorías de la Jambre y la Sede de Celoriu
(Fotografía de María José Rodríguez).
Antonio Cea Gutiérrez
Cronista Oficial de Llanes
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