LA SOPA EN LA MIEL Nº 109 
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LA SOPA EN LA MIEL (segunda entrega)

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A José María Ardisana Ardisana
y a la memoria de sus hermanos
Juan y Pablo,
fervientes apasionados de las tradiciones llaniscas.

 

Iniciamos esta segunda entrega de refranes, dictados tópicos y frases proverbiales, en este caso, nacidos en la comarca llanisca y conservados por la familia parraguesa, Gutiérrez Amieva. Cuando existen ejemplos paralelos, recogidos en Salamanca por el maestro Gonzalo Correas y publicados en el año 1627, los contrastamos con los nuestros. Se dice que los refranes son “hermanos bastardos del Evangelio”; que “los Refranes viejos son Evangelios pequeños”, que “son profecías o como profecías”.
Ilusiona pensar que alguna de estas hojas sueltas llegue también a los jóvenes. Un solo lector vale la pena. Los viejos percibimos hoy a las nuevas generaciones, tan diferentes a la nuestra, que, a veces, nos parecen seres virtuales y alienígenas. Me pregunto: ¿Qué cultura local heredan hoy los niños en Llanes? En esa balanza oscilan siempre dos platillos: el de la enseñanza y el de la educación. La enseñanza se aprende en las escuelas, la educación se mama en las familias. Los jóvenes son lo que les hemos hecho ser.
1º: “¡A juevu en cá Vixu!”
Este refrán parragués tiene, en mi opinión, su mayor originalidad en la binaria unidad que constituyen dos de sus tres elementos: la esencia de una casa y el mote; dos raíces seculares que acaban nublando el propio apellido Quintana como elemento identificador, probablemente el más representativo de esa familia, desplazado por el alias. Familia honrada, quizá la más extensa como clan parragués, esforzada, jovial y muy apreciada en la comarca.
No es fácil desentrañar el significado pleno de este dictado tópico, uno de los más utilizados por mi madre. Aunque he andado a vueltas con él, no estoy seguro de haber captado el exacto sentido que contiene o, al menos, el que ella le daba, ni en qué ocasiones lo empleaba. Según mi hermana Gema, para mi madre era sinónimo de “tirar la casa por la ventana”, afeando con él a la persona “gastiza” -de la propia familia o ajena a ella- que no mira por la peseta e indignándose por el dispendio excesivo en una inmerecida ocasión, elevando lo más cotidiano al rango de acontecimiento extraordinario; como si la propia casa pudiera estar ardiendo cada día. El personaje protagonista de tan original refrán parragués parece tener el don o la virtud de trocar la tragedia
en una cotidiana y notoria festividad.
La verdadera solución y complemento del enigmático ¡A juevu en cá Vixu! se entiende mejor si lo convertimos en primer hemistiquio del siguiente refrán: ¡Sabelo, vecinos!, aireando bien un secreto, como tocando las campanas a fuego y a rebato, añadiéndole, así, un sentido de efecto reduplicador.
A renglón seguido y como contrapunto, presentamos un ejemplo de imposible discreción, radicalmente opuesto al refrán parragués, en el que, aunque no cabe la ocultación de una casa en llamas, se pretende esconder el humo que sale de ella. Desconocemos si se están señalando con ello rasgos de carácter patológico, entre familias de una misma población o, por el contrario, se marcan, abiertamente, esenciales diferencias, procedentes de dos geografías bien distintas: el comportamiento y carácter del asturiano , que en este caso pregona su desgracia como si se tratara de una fiesta, y el del salmantino, intentando ocultar lo evidente: “Que se queme la casa pero que no se vea el humo (informante Adela Egido, en Hinojosa de Duero,
villa de la comarca salmantina del Abadengo).

“Costar costóme pero cazar cacéte . Eso no lo cantó Jorje”.
(Recogido en la Pereda a Filomena Blanco en los años 60).
Filomena Blanco (gran amiga de nuestra familia y nacida “un añu que hubo dos santa Marinas”) contaba este refrán como verdadera historia, sucedida en la Pereda, y según la había oído a sus mayores:
Una moza muy porfiada -durante su largo período de cortejo, sin recibir de su novio lo que se conoce como “dar palabra de casamiento”, pero tan poco sin “soltarla”- se creyó, al fin, correspondida. Leídos ya los pregones, que se clavaban a la puerta de la iglesia, decía y repetía, incontenidamente, a su novio, la siguiente cantinela: “costar costóme pero cazar cacéte”; matraca que él contestaba diciendo: “eso no lo cantó Jorje”.
La mañana de la boda el novio huyó cuesta arriba por la Tornería. A la mitad del camino se cruzó con un pastor y, mirando hacia la Pereda, se paró señalando el lugar conocido como el Olleru diciendo: “Paisanu, ¿Ve usté , allá abaxu, aquella chimenea que tantu ajuma?, pues está cociendo las calderas de la mió boda y ¡mire aquí per onde va el noviu!”.
El ejemplo de esta deliciosa variante peredana, que podría llevar por título: “la burladora burlada el día de su propia boda”, es buen aviso de que no se ha de urdir el matrimonio como trofeo de caza ni trampa en la que, por cándidos, suelen caer atrapados los maridos, pues nunca da buen casamiento
2º b): Cacete, pesquete, nunca buen casete (refrán con glosa de Correas): “porque pierden labor y tiempo cazadores y pescadores, y no medran casa, antes la desmedran”. (nº C.55).
En nuestra opinión esta versión salmantina del refrán, quizá incompleta, que recibió el maestro Gonzalo Correas del anónimo informante, pudo inducirle a error si nos atenemos a la interpretación que hace en la glosa del término “pesquete” (en este caso acepción sinónima, de “pillete”); verbo no debemos entender aquí como arte de pescar, ni con caña de río ni con redes de mar. Alusión cinegética y certera al secular cometido de la mujer si busca al hombre como trofeo de conveniencia, aquí con malogrado final (“nunca buen casete”, nunca hace buena boda).
3º a): “Cuerpuscristi dímelo: ¡San Juan el Verde dónde quedó!
San Juan estaba ena ería viendo cómo granaba el pan.
Pongo signos de admiración y no de interrogación porque lo que rezuma el primer hemistiquio de este verso no es pregunta sino melancolía. Pensamiento de añoranza en voz alta sobre la fugacidad de las mágicas fechas del estío, entre san Juan y san Pedro; aludiendo a la brevedad de la vida, y a lo vecinas que están la mocedad de la vejez: “¡post jucundam iuventutem, post molestam senectutem!…, del Gaudeamus, ¡tantas veces cantado y llorado!

Al tema de la caducidad corresponde esta letra de la danza llanisca del Corpus, conocida como Velada del Corpus, que se interpretaba sólo por mujeres (con el ritmo y los pasos ágiles, tan característicos de la danza del Trillo), delante de la parroquial de santa María de Concejo, bajo la añosa “Encinona”. En el año 1724 constan “34 reales y medio que recibió el mayordomo de fábrica del Señor conde de la Vega por la enzina que estaba junto la iglesia, en cuio precio se le remató por estar seca y carcomida (Félix Rodríguez Madiedo plantó una nueva, en el mismo lugar, el 25 de marzo de 1976).

La letrilla del segundo hemistiquio de este refrán, cantado y danzado, fue inmejorable regalo de las hermanas Neira -Socorro y Pomposa- la tarde del 28 de abril de 1978, bajo el coro de la basílica llanisca, momentos antes de iniciarse el concierto del Cuarteto Cea, en el estreno de los tres elepés sobre la música antigua llanisca ; letrilla que no viene recogida en la versión de Benita Mijares: Cuerpuscristi dímelo...
San Juan estaba ena ería viendo cómo granaba el pan.

En el Libro de Rentas del Archivo Parroquial de Llanes (de 522 folios): Apeos de santa María de Andrín, san Lázaro de Cañamal y san Roque en su capilla del Cotiellu, extramuros de la villa ya se menciona, en los años 1571 y 1572 (f.59v.), “la ería de san Juan, junto a la capilla de san Juan” y
“Onde llaman la portilla de san juan de Andrín”.

Reconforta imaginar al Bautista (a decir de san Lucas: “el mayor de los nacidos de mujer”: (7:28), no bautizando sin cesar en el río Jordán, sino viendo, desde su risueña ermita, en la ería andriniega que lleva su nombre, cómo granaba el pan de escanda -sin más campanas que tocar y cuando aún desconocíamos los maizales- . Y, a lo lejos, la de Nuestra Señora, en la suya, desde la Pandera -preservada y hermosa- al poniente, en la otra punta de Andrín. En los documentos de archivo figuran estos dos personajes celestiales como únicos y solitarios moradores de esos bucólicos parajes llaniscos, en el valle de Mijares.
3º b): “San Juan y Corpus Christi, todo en un día “(Correas.S.125), “Es doblada fiesta y aplícase a los que quieren dos provechos,
o les vienen dos felicidades juntas”.
4º a): “Son más que los del cabidru o eran más que los del cabidriu”

El cabildo/cabidru /cabidriu
El Cabildo es un espacio porticado y semicerrado, en la parte delantera de las iglesias parroquiales de ciudades y aldeas, ubicado casi siempre al mediodía, a veces con un portillo y una reja, horizontalmente dispuesta a la entrada, que impiden el acceso de ganados a un espacio sagrado donde tienen lugar las reuniones, convocadas a campana tañida, sobre temas locales, de carácter religioso, o civil, que atañen a toda la comunidad vecinal.
Las reuniones más frecuentes suelen estar protagonizadas por los clérigos y los mayordomos de fábrica que reciben cuentas anuales, o las dan, sobre todo lo relativo al culto parroquial: ermitas y cofradías, festividades, obras pías, libros de apeos, normas y rúbricas litúrgicas, etc., registrados minuciosa y puntualmente en libros llamados de fábrica y de cofradía. Las reuniones más importantes son anuales y denominadas “santas visitas” pastorales de visitadores eclesiásticos y prelados, con normativas, advertencias, prohibiciones y mandatos.

A estas reuniones asisten por curiosidad, devoción, obligación y pertenencia a cofradía, la mayoría de los feligreses parroquianos para quienes -en otros tiempos- la nutrida asistencia a los cabildos sería, en algunos casos, la cifra mayor de personas congregadas que iban a ver en su vida;
de donde nació el refrán: “Son más que los del Cabidru”.
En el lado posterior del templo, ubicado al norte, el cementerio y las oseras y por delante, en la campa o anteiglesia, una serie de elementos representativos dispuestos para diversos usos y celebraciones: procesiones, viacrucis (sobreviven en el de Parres tres o cuatro estaciones del Calvario, probablemente de los siglos XVII o XVIII), remates, danzas, ofertorios y ofrendas (voluntarias o estipuladas) en las diversas pascuas y otras festividades principales, bendición de animales y hasta una pequeña muralla o muriu, delimitando, y circundado por naranjales que producían anuales y bienvenidos beneficios, ayudando a mantener, al mismo tiempo, un culto digno y a sus clérigos.
En este sagrado y multifacetado espacio -civil y religioso- del cabidru yace y subyace la memoria de tantas generaciones de parroquianos que pudieron escuchar y ser oídos en asamblea pública. Fue el espacio y territorio donde se daban a conocer y acatar los mandatos de Santa Visita
y el poder comunitario de vecinos y moradores.
El ofertorio de los corderos por devoción personal, el día de la gloriosa santa Marina en Mañanga, es un verso suelto si lo comparamos con los celebrados en esta campa de la parroquial, asignados por obligación de diezmos, novenos y primicias, a lo largo del año y principalmente en las Cuatro Pascuas, Sacramental, Viernes santo y otras fiestas principales, además de los petitorios dominicales (intra ecclesia), los de las puertas de los vecinos (u ostiatim) y hasta en las erías, en moneda y en especie: espigas de escanda, ruscos de pan, celemines de nueces, castañas y maíz, cerros de lino,
tocino, manteca y hasta jatos y cabritos.
Presentamos algunos ejemplos documentales sobre los cabidrios llaniscos, registrados en las parroquias de san Román de la Carúa y la Magdalena de Parres, en los siglos XVII, XVIII y XIX.

El Cabidru de san Román de Llanes en la Carúa
-Año 1640: “Quatro reales de un Pedaço de madero que sirbe de pasamanos en el cabidro; más dos reales que llevó un cantero para adereçar el cabidro, más dos reales de adereçar una puerta en el cabidro, más veinte y quatro de cabrios y Ripias de adereçar el cabidro (APC. Libro de Fábrica de 1637, f.20).

¡Qué afición tenía el clero de la época a los maderos y las vigas atravesadas: prohibición y yugo moral!
-Año 1629: “En el cementerio de San Román, a honçe días de maio” (se reunieron para dar cuenta de la mayordomía anual (Id, f,101).
-Año 1704: “Que en las entradas del cabildo se pongan puertas, de modo que estén con deçencia para que no se entren los ganados” (Id. Santa Visita, f.123.).
-Año 1705: “Mas de las Portillas del cabidro, veynte y nuebe reales en que se incluyen otros gastos”. (Id. f.133v.).
El Cabidru de santa María Magdalena de Parres
-Año 1695: “En el cimentterio de la Madalena de Parres, a veyntte y dos días del mes de henero de 1699 años, yo, don Juan Blanco de Llanos, tteniente de cura de esta Parroquia, con assistençia de Juan González de Cottariello, Yssidro Pérez, Juan Sobrino de Sancho. Pedro de Martino y ottros vezinos, tomé quentas a Pedro Arenas de su mayordomía” (Fábrica de Parres de 1646.f.66).
-Año 1711: “En el cabildo de la yglesia parroquial de Santa María Madalena deste Lugar de Parres” toma de cuentas del visitador al mayordomo, a 22 de noviembre, en presencia de vecinos (Id. f.84v.).
-Año 1712: “Más un Real que dio a quien compuso la portilla del cabildo
de la yglesia” (Id.f.87v.).
-Año 1714: “Delante de la Yglesia y en el cabildo de la Madalena de Parres y en persona de la mayor parte de los vezinos del lugar de Parres”
(Ibid.Santa Visita del día 19 de noviembre,f.89v,).
-Año 1722: “Más ocho maravedís que dio el mayordomo de Fábrica a quien limpió los bardos de alredor de la Yglesia” (Id. f.124v ,1652.
-Año 1729: “Dieciocho reales que se gastaron en algunos Reparos de la iglesia: en la sacristía, texado y murallas” (Id. f.114v.).
El espacio que circunda la iglesia y el adro de la Madalena de Parres:
naranjos y naranjas.
-Año 1652: “Más del reparo con los naranjos, un real” (APC. Libro de Fábrica de Parres, que comienza en 1646; f.12v.).
 trabajos de limpieza, poda y demás cuidados.
-Año 1712: “Más quatro Reales que se sacó de la venta
de la naranxa de la Yglesia” (Id., f.87).
-Año 1713: “Más de dos reales de la naranja de la Yglesia” (Id.f.88).

Año 1714: “Más Beinte y dos Reales de Vellón de Mil y zien naranjas de los Naranjales de la yglesia. Más un real y Beinte maravedís de conduzyón
de la naranja a la Villa” (Ibidem, f.90).
-Año 1732: “De ocho reales que ymportó la naranja
de Junto a la Yglesia” (Id.f, 119).
-Año 1758: “Más ocho Reales que le dieron al mayordomo de fábrica
por la naranxa”. (APC. Fábrica de 1750, f.14).
-Año 1759: “Más quatro reales que dieron por la naranxa”. (Id.f.15).
-Año 1760: “Más ocho reales que reciví el mayordomo 
por las naranxas de la yglesia” ( Id. f.17.).
-Año 1765: “Más ocho reales que importó la naranxa de la iglesia” (Id.f.20).

El aseo de los bebederos para el ganado, junto a fuente de la Jornica,
cercana a la parroquial de la Magdalena.
-Año 1797: “Y mas de Multas que se hicieron los vecinos por no haber concurrido a la limpia de los bebederos, treynta y siete reales
y veinte y dos maravedís” (Ibidem, f.49 vuelto).
-Año 1859: “De retejar el Pórtico, treynta y nueve reales”,
(APC. Fábrica de Parres de 1750. f,98).
Se percibe, en este documento, cómo, a mediados del siglo XIX, el término “pórtico” iba desplazando al antiguo de cabildo/cabidru/cabidriu, que era la denominación que siguieron utilizando las personas de edad en Parres
hasta los años 60 del pasado siglo.
El “Jogueru” en el cabidru de Parres, la noche de san Bartolomé, cuando el Demonio anda sueltu y se queman las bruxas

Según Oliva Parres, “La noche de san Bartolomé", al oscurecer, se robaba atizu de los lleñeros y se traían llantas de bardios de la Boriza, Con todo ello se hacía un jogueru delante de la iglesia -en el Cabidru- y, ya de noche tapecíu, se saltaba a matar las bruxas, Se saltaba con el palu de ir al monte y saltaban igual mozas que vieyas. Acompañaba el tamboril sin canción alguna.
El últimu se hizo delante de la retoral”.
Según versión de mi abuela, Isabel Amieva, “el Pecau”
nombre con el que se denomina al demonio en las aldeas llaniscas,
pide a san Bartolomé que lu suelte en esa noche:

San Bartolomé, suéltame, a la una,

San Bartolomé, suéltame a las dos, etc.… así hasta las doce

A las doce de la noche, el Pecau queda sueltu y, co las cadenas arrastrando,
se sube a las castañares y las mea fertilizándolas.
Si llueve en esti día, mal añu de castañas”.
Mi abuelo Jesús, al que tanto debo, arañaba un castañarín cercano para enseñarnos, a mi hermana y a mí, la veracidad de lo que antes nos había contado nuestra abuela Isabel.
En San Roque del Acebal, se conjuraba al demonio del siguiente modo:
“¡Arre, arre, Satanás, que en mi casa no pararás”
(informante, María Gömez Calvo, de 86 años).
El refrán: “Son más que los del cabidru”, era, sin duda, el que con mayor frecuencia estaba en boca de mis abuelos en sus conversaciones
sobre tiempos pasados de Parres.
5º b): “Son más que los de la Enterevetoya”

Lo decían mis abuelos, como lugar imaginario.
Tiene en común este dicho con el del Cabidriu
el ingente número de personas que,
se supone, llenaban ese espacio.
5º c): “Son más que los de Rojas. Son más que los de Torrecilla
(Estos, en Murcia. Los Rojas, en Castilla) Correas: S,895.
6º): “Los de la viga atravesada”
El mito de la viga atravesada -injustamente atribuido a las buenas gentes de Porrúa, como matraca y dictado tópico, definitorio de su forma de ser-, debió de tener origen en un desafortunado y generalizado recurso que, por diversas razones, constatadas y pormenorizadas en los llamados “Libros de Fábrica”, impusieron como mandatos los obispos y visitadores eclesiásticos en sus anuales visitas pastorales a las parroquias de la diócesis.
Así sucedió en el caso de Parres en los siglos XVII y XVIII.

Para erradicar costumbres inconvenientes durante las ceremonias litúrgicas, causadas las más de las veces por mujeres, el clero no encontró mejor solución ni fórmula más contundente hacia la propia grey que la tan explícita, extravagante, vejatoria y primitiva presencia de una “viga a atravesada”.
Los parragueses se libraron de cargar con el injusto sambenito y estigma social de “la viga” -teniendo, no uno, sino cinco testimonios documentados-, porque los porruanos habían llegado a sufrirlo por escrito antes, convertido ya en refrán.
A): Vara divisoria por sexos,

Visita pastoral del año 1650. (APC, Libro de Fábrica de Parres de 1646, folio 8).
El primer proyecto de vara o viga para la separación en el templo, entre hombres y mujeres, fraguó a propósito de la política de enterramientos en la iglesia, estableciéndose cuatro categorías según la posición social y económica de cada familia. La primera jerarquía, en la cabecera del templo y capilla mayor; las demás van decreciendo en estimación cuanto más cercanas estén
de los pies de la iglesia:

“Por quitar las discusiones y alborotos que ay quando suzede morir algún feligrés sobre enterrarle en la capilla mayor o en lo más del cuerpo de la yglesia, manda su merced: que, de aquí adelante, las personas que eligieren sepultura dentro de la capilla mayor, que tiene capacidad para dos hileras de sepulturas. Por cada sepultura en la primera hilera, que comiença desde las gradas del altar azia el arco de dicha capilla mayor, pague de limosna a la fábrica quatro ducados y por cada una de la segunda hilera, que comiença. acabada la primera, pague tres ducados, con declarazión que siempre aya de quedar libre y desocupada la sepultura que eligiere el cura de dicha parrochia para sí. Y por las sepulturas que ay desde el arco toral asta la vara que se á de poner para la dibisión de los hombres y mugeres se pague un ducado, y desde la bara hasta llegar debajo de la tribuna se pague medio ducado, y, desde dicha tribuna asta la puerta prinzipal de dicha yglesia sirba para las personas que no tuvieren posible para pagar dicha limosna, y por dichas sepulturas no paguen nada ¿por ser el espacio más pisoteado de acceso y de salida…?. Y para que ansí mesmo no aya alborotos sobre enterrar los niños, que sus padres pretenden enterrarlos en dicha capilla mayor que, de aquí adelante, se entierren en el distrito que ay desde la pila bautismal asta la puerta del lado de la yglesia según corta el corredor que sale de la tribuna en dicho parage, sino es que sus padres paguen la limosna que queda señalada según la sepultura en que quisiere enterrarse”.

Llama la atención la novedosa ubicación parraguesa de las sepulturas de los niños en el entorno del bautisterio, comúnmente denominadas “medias sepulturas” y no –como es lo común- bordeando el interior de los muros del templo; y, alrededor, extra eclesia, o junto a los cruceiros (si los hay), las de los niños fallecidos sin haber recibido el bautismo.
cool: La viga burlada o El caso de Doña Antonia de Posada, la ricahembra parraguesa que, en nuestro tiempo, pudo llamarse Esther.

Santa Visita del año 1650 (APC, Libro de fábrica de 1646, f f-8v-9.):
“Su merced el Visitador Eclesiástico fue ynformado que Doña Antonia de Posada, muger de Pedro Sánchez de Parres, para oir misa los Domingos y fiestas, se ponía dentro del cuerpo de la capilla mayor,
que es donde están los feligreses varones.
“ Mando que el cura no permita que dicha Doña Antonia se entrometa a ponerse en dicha capilla mayor, por ser cosa tan yndezente estar las mugeres entre los hombres, y unas personas de su calidad; y para que en esto aya la distinzión que se deve tener para los asientos de los hombres y mugeres, mandó su merced, se ponga una bara que corte desde la esquina de la puerta de la sacristía y baya a frisar en el lado del ebangelio, del lado del altar de nuestra Señora del Rosario y no se entrometa ninguna muger a pasar dicha bara, pena de trezientos maravedís, aplicados para dicha fábrica; y el cura lo execute, y no pagando la multa los ebite de la misa y ofizios dibinos, excepto dicha Doña Antonia de Posada que, por quitársele el asiento de dicha capilla mayor, se le permite se pueda sentar sobre dicha bar; ansí lo mandó y firmó el arcediano de Rivadeo”. (Archivo Parroquial de Cué. Libro de Fábrica de Parres de 1646, ff.8v y 9).
El final de este texto contiene no poco de vis cómica, imaginando a la dicha doña Antonia como “taramingándose” o “estaramingándose” en la viga y “saliéndose con la suya”.

Maderos para señalar las sepulturas infantiles´, año 1660

(APC, Libro de Fábrica de Parres de1646, f.19).
“Tres reales de unos maderos que pusso en la yglesia
para señalar el entierro sic por enterramientode los niños”.

Visita Pastoral del año 1707

(APC, Libro de Fábrica de 1646, f.79).
“Otrosí, que en la Parrochia de dicha Yglesia de Parres se ponga un madero debajo de la capilla mayor para la división de las mugeres, porque no interrumpan el poder ofrecer el Santo Sacrificio de la Missa, sobre todo en las quatro fiestas principales del año, en que lleban las ofertas y lo cumplan. Por mandato de Don Alonso de Mier y Noriega, Visitador”.
Seguramente en este mismo año, 1707, en cumplimiento de “mandato de santa visita”, se colocó el madero; pero comprobamos que, sin demasiada eficacia, según demuestra el documento, que transcribimos a continuación, correspondiente a la santa visita de diciembre de 1727:
“Que porque en la Capilla maior de dicha yglesia se entran muchas mujeres a oir el santo sacrificio de la missa, sirviendo como sirven de total embarazo para zelebrar dicho santo sacrificio con la libertad que se requiere, por la proximidad con que se allan a dicho altar; no pasen desde el arco principal de dicha capilla maior adelante, y por lo mismo el referido cura no se aleje de la última grada de dicho altar a dar el vesamano, viniendo las mujeres a rrezivirle, por su alteración, volviendo a sus puestos con toda quietud”
(APC. Fábrica de Parres que comienza en 1646; fol.111v).
E): Que las mujeres no propasen el madero divisorio.

Visita Pastoral del año 1728 (APP, Libro de Fábrica de 1646, f.114).
“Por quanto a su Merced se le ha dado noticia que muchas de las mugeres y vezinas de dicha parroquia se entran ha oir missa dentro de la capilla mayor o sea, en el propio presbiterio, de que se originan algunas discusiones entre ellas, mediante a lo qual mandó su merced que, para en lo adelante, ninguna se pase ha oir Misa del madero que sirbe de división en la conformidad que por las sinodales deste obispado está prebenido, a no ser que tengan que alumbrar sobre la sepultura de algún difunto, y esta durante el año y día y no más,
lo que cumplirán pena de excomunión mayor”.

Los múltiples inconvenientes que se siguen del indebido comportamiento de algunas mujeres “entrometidas”, que debe “evitarse” en el templo (según registran los libros de fábrica parroquiales en los mandatos anuales de santa visita), forman una “riestra”, no pequeña, de problemas que entrecomillamos a continuación: “causan discusiones indecentes y alboroto”, “sirven de embarazo”, “alteran”, “interrumpen” y “obstaculizan” la debida ritualización de los oficios divinos y litúrgicos parroquiales, rompiendo especialmente “la exigida separación” en el templo del varón y la mujer, y el espacio necesario para que los clérigos puedan celebrarlos con la debida dignidad.
Los testimonios documentales, presentados aquí, sobre el papel de discreción exigido a la mujer en el templo (a propósito del tema de la viga atravesada), no resultan muy edificantes si nos atenemos al epistolario paulino en su 1ª carta a los Corintios (14:34-35) y en la 2ª a Timoteo (11-12) que dice: “Mulier in templo taceat” “que la mujer calle en el templo”. Cierto es que, en los textos analizados aquí, las parraguesas tuvieron un protagonismo bien ruidoso.
F): Lo que se pagaba por una viga en el siglo XVIII
Como curiosidad, ofrecemos aquí un documento del año 1793 sobre la última viga protagonista en el templo parragués, cuya presencia no fue fruto de la prohibición eclesiástica y cayó en mis manos sin yo buscarlo; por ello este texto, breve y substancioso, tiene para mí un sabor doblemente dulce. Está registrado en el Libro de Fábrica Parroquial que dio comienzo en 1.750
(folio 80. APC), folio 80 y dice así:
“Por una Biga para asegurar la tribuna o coro y tillarla de tabla y Pontón,
cien reales y quatro maravedís de vellón”.
Los documentos sobre las famosas vigas, analizados aquí, describen espléndidamente las situaciones -densas y tensas- que crearon algunas feligresas parraguesas, y las obligadas imposiciones del clero local como repuesta. Hubiéramos deseado la misma calidad narrativa sobre la hechura, materiales, medidas, autoría, coste y libramientos por la obra de las cinco vigas que dieron lugar al refrán, cuyos comitentes fueron los distintos visitadores eclesiásticos que las mandaron labrar
6º): “Más memoria que el tíu Fernando el del Jogu (alias “Manano”)
Anciano pastor parragués con fama de una memoria proverbial que, desde “el tardíu” y hasta la primavera -así cayeran chuzos- sacaba todas las mañanas a “llendar” su rebaño de ovejas, desde Parres a la mañanga de Soberrón, volviendo con ellas a su casa, en el Jogu´l cubil, al oscurecer. Este entrañable y cordial personaje, de pequeña estatura y expresión sin malicia, gastaba espejuelos redondos y calzaba corizas y gruesos calcetines de lana, hasta media pierna, que le llegaban, casi, a las “cofranas” -como si fueran calzas- sobre unos gastados calzones negros, a manera de bombachos. De cintura para arriba,
pelliza de oveja, zurrón a la espalda y gorra a la cabeza.
Rutinariamente, el tíu Fernando el del Jogu, al pasar por delante de nuestra casa de Bolao, volvía la mirada, y, con la “guiyada” en una mano y haciendo de visera con la otra, sin apenas detenerse (aunque estuviera cerrada la puerta) saludaba a mi abuela desde la carretera, con voz bien entonada, que ascendía y descendía como arco de medio punto, diciendo: “¡Sabeeel…!”. Así, mañana y tarde hasta el siguiente día. Yo pienso que llamaba siempre para que supiéramos que pasaba.

Cuando esto sucedía era invierno y yo niño de cuatro años, ensimismado y solitario, jugando a levantar torres con los tucos del maíz. Pero al sentir los lloqueros, detenía el juego para ver, tras los cristales de la ventana, desde el “estregal” de casa, las “oveyas” del tíu Fernando, al atardecer.

Mi madre fue, sin saberlo, ferviente promotora de este refrán, porque yo, desde muy niño, recibía y recogía, de mis abuelos maternos, cotidianas enseñanzas de tradición oral que he mantenido siempre. Sinceramente, creo que no fui un niño resabiado por responder en casa, “si caía la sopa en la miel”, lo que ya los demás habían olvidado. Entonces era cuando mi madre, con callada admiración, afirmaba: “Hiju miu del alma, tienes más memoria
que el tíu Fernando el del Jogu”.

Hemos de resaltar la importancia de estos refranes llaniscos, de carácter local, que hemos de mantener como patrimonio propio. Pocas veces tendremos la oportunidad de conocer un refrán, nacido en la generación de nuestros abuelos, como el que acabamos de exponer, sobre todo si, además de nacer, se difunde, queda fijado en la memoria colectiva y, finalmente, pervive.
Personajes, como este pastor parragués -con una sabiduría acumulada que abarca al menos cien años atrás de tradición oral y memoria colectiva-, se convierten en fieles guardianes y transmisores de la tradición.
7º a): “Los caballeros de llanes iban a Tetuán por moras”
(Teresina Cué lo cantaba como letrilla del Pericote)
Esta variante llanisca parece contener un sentido
de razia y conquista amorosa.
En cambio, Correas, en la versión de su Vocabulario,
la interpreta como mofa y matraca.
7º b): “A Tetuán por monas, y a Guadiana por bogas”
Correas en su Vocabulario de refranes comenta:
Esto es como decir: “Váyase a pasear; o a espulgar un galgo”,
cuando no quieren dar ni hacer
lo que otro quiere”. refrán nº A.780).
8º a): “Le cantó la Soberana”
Versión recogida a Benita Mijares Carriles, de 87 años e incluida por el Cuarteto Cea en su tercer LP: “La canción del mar en Llanes” (Dial Discos. Serie Nevada DL; 38122-1977. Madrid). Martínez Torner transcribe una variante, en tono menor, con el número 412, recogida en Oviedo. La define como canción de ronda. Así mismo y con el número 61, en Grado, con idéntico esquema musical: “Señor san Pedro, soy de la villa de Grado, yo a mi patria no la niego”
La Soberana, en su variante llanisca, es como una frondosa “gaviella”
de signos y símbolos.
Consta de 23 versos octosílabos y otras tantas entradillas o encabezamientos, fundamentalmente dirigidos a las divinidades: Están presentes ocho advocaciones con los nombres de:
María, Soberana, Virgen, Guía, Pía, Santa, Estrella y Esperanza.
Se invoca al Señor san Pedro cinco veces.
Dos a la Magdalena y uno a san Roque y la Guía,
respectivamente, cuyas letras
podrían ser precedente del coro de ambas danzas primas,
en los bandos de san Roque y la Guía.
Se menciona cinco veces la villa de Llanes y una el valle de Ardisana,
por lo que no sería arriesgada la atribución, o al menos esta versión,
como de autoría llanisca.
Recoge nueve refranes. Amenaza con el palu de avellanu.
Toca el tema de los amores como causantes de presidio,
y el robo del corazón por un ladrón de Sierra Morena.
Es canción de danza y danza primordialmente; plegaria, y manojo de refranes. Contiene normas sobre la danza prima y advierte de los peligros de la sidra para danzarla, y del relente de la noche para la vista. Nacer en Ardisana quita el miedo. No falta la amenaza con el palu de avellanu como reto local de peleas entre mozos en romería, a lo que hay que añadir lo que implica el grito del “aixuxú” o “ajerrinchu”, por ejemplo en el Pericote (ver en José Luis Pérez de Castro, “El alarido y el palo en la cultura asturiana”, 1961. RDTP. XVII, ff.330-348, CSIC). En resumidas cuentas, La canción de la Soberana es una preciosa perla de la música y la danza,
de Asturias en general y,
en particular de Llanes:
1: Señor san Pedro, tengo un palu de avellanu, - mientras me dure no hay miedo.
2: Señor san Pedro, el que no sepa remar - no se meta a marinero.
3: Señor san Pedro, soy de la villa de Llanes, - yo mi patria no la niego.
4: Señor san Pedro, el que quiera llevar palos - salga al camino ligero
5: Señor san Pedro, nadie me lo contradiga, -no hay amor como el primero.
6: La Magdalena, el corazón me robaste, - ladrón de Sierra Morena.
7: La Soberana, por causa de tus amores - voy al presidio mañana.
8: La Magdalena, echa el pie para adelante - y alarga el paso, morena.
9: La Virgen Pura, el que corteja a la madre - tiene la hija segura.
10: Señor san Pedro, con una buena muchacha - se pasa muy pronto el tiempo.
11: Señor san Pedro, el relente de la noche - para la vista no es bueno.
12: Señor san Pedro, he bebido tanta sidra - que danzar casi no puedo.
13: Santa Marina, buena sombra le cobija - al que a buen árbol se arrima.
14: De la Esperanza, viva la que va de punta - dirigiendo nuestra danza.
15: Señor san Pedro, soy del valle de Ardisana - y a nadie le tengo miedo.
16: Clavel temprano, nunca des para danzar, - morena, toda la mano.
17: La Soberana, llevóme la rosa el río - llevómela la resaca.
18: Virgen y Pía, protege al pueblo de Llanes - siendo de Llanes la Guía.
19: Y peregrino, líbranos de peste y males, - Roque santo y peregrino.
20: Santa María, hay una estrella en el cielo - que a los marineros guía.
21: Señor san Pedro, viva la villa de Llanes - y la diversión del pueblo.
22: ¡Viva la danza! Ya viene Pascua de flores, - ya se va Semana santa.
23: Señor san Pedro, no trates de consolarme, - que para mí no hay consuelo.

8º b): “Cantóle la Pangelina” (nº 282).

Y comenta Correas: “Díjole de una hasta cinco”.
Corruptela popular del Pange Lingua, himno eucarístico que compuso santo Tomás de Aquino por encargo del papa Urbano IV, en el año 1264, para la fiesta del Corpus Christi y otro a San Buenaventura Es tradición que cuando este santo franciscano leyó los versos del dominico rompió los suyos. (Nadie me lo preguntó, pero yo habría apostado por san Buenaventura).

Existe una hermosa traducción al castellano
del inefable Lope de Vega, cuyo incipit presentamos:
Publica , lengua y canta el misterio del cuerpo glorioso
y, de la sangre santa, el cáliz glorioso,
el fruto de tu vientre generoso…

Este refrán equivale a otros, como: “Le cantó las cuarenta”;
“Le puso de chupa de dómine”; “Le puso de sopa de perejil”;
“Le puso verde”; “Le puso de vuelta y media”;
“Le cantó la Soberana”.

8º c): “Cantarle el salmo de Herlincampus”.
Segunda variante de Correas, a la que añade el siguiente comentario:
“Reñir a uno y amonestalle.
Herlincampus es nombre tomado a burla
de los escritos en espadas extranjeras”. (nº 274).
9º: “Andar a llambijoscu”.

(Recogido en Pancar a Emilia Junco Junco, de 95 años, en 1960).
Cuando, sin merecimiento ni esfuerzo, se consigue de bóbilis algo muy apetecible que sabe a “llambiona”, y, aun siendo la persona hosca y no habiéndolo pedido, recibe mieles por hieles.
10º: “En marzu todo está preñau: el sol está preñau y el agua,
igual que lo que comemos. El sol pare en abril”.
Era creencia en aldeas del valle de Mijares,
al menos en El Acebal, La Pereda y Parres.
La idea del sol como poder fecundante
(Recogida en los Cuetos de San Roque del Acebal, en los años 60,
a mi tía María Gómez Calvo, de 86 años).
11º: “¡Antroxu juera, calderas llenas…y buenos nabos!”
Este refrán, con fórmula de cantinela, la canturreaban los rapaces por las calles durante la Pascua Florida, con la alegría de haber dejado atrás la Cuaresma, libres del ayuno y la abstinencia (Lo dictó Emilia Junco en Pancar).
12º a): “De roín matu no puede salir gran liebratu”.
(Recogido en los años 60 a Filomena Blanco, de la Pereda).

A mediados del siglo pasado, Filomena Blanco, como tantas dignas mujeres de las aldeas, bajaba cada mañana a vender leche a Llanes; primero en su carro y posteriormente en su burro. En esos años la leche era un producto indispensable, especialmente durante la lactancia. Unas lecheras repartían la leche por las casas a sus clientes; otras, en cambio,
esperaban a sus clientes en Puerta de villa.
El personaje protagonista de tan atinado refrán era un hombre de clase media, con un cargo bastante sobresaliente en la villa; físicamente poca cosa y casado con una mujer, también muy menuda y de familia rancia. Este matrimonio tenía una niña, de poco tiempo, que no se criaba bien. Una mañana el padre, viendo que su criatura no medraba como debía, buscó y encontró a Filomena en la plaza (era martes, día de mercado en Llanes) y encarándose con la lechera, le dijo: “¡Señora, qué leche i trae usté a la mí cría, que no hispe!”.
Ella, sintiéndose despechada, le respondió:
-“Buenu, buenu: De roín matu no puede salir gran liebratu-”.
Filo no volvió a llevar la leche a la niña que,
de moza, tampoco llegó a gran liebratu.
La primera acepción de este refrán llanisco, de tan ocurrente y expresiva formulación, nos lleva a un inmediato y material contenido relacionado con la caza, advirtiendo que un matorral mínimo nunca puede ocultar un animal de gran porte. Una segunda acepción, dentro ya de un orden psíquico y filosófico, nos lleva a considerar que un concepto, definido como “quasi partus mentis”, si es endeble, no es capaz de producir una creación generosa.

12º b y c): “No salió esa jara de esa aljaba”.
“No salió esa saeta de esa aljaba”.

(Correas (nº1123 y 1124),
Estas dos variantes del refrán salmantino, pareciendo tan cercanas en su formulación material a la versión llanisca, difieren esencialmente de la interpretación que trae Correas en la siguiente glosa:
“Que la razón que uno dice
parece ser tomada de otro que la dijo primero”).
Perciban honores los benefactores. La memoria nominis
o el caso del parragués Sebastián Sobrino, año 1646.
“Que a los bienechores de las iglesias, fundadores y doctadores se les den en ellas onores y prerrogatibas, y para que de ello aya memoria por la que mereze Sebastián Sobrino, becino y originario desta feligresía, por bienhechor desta nueba parrochia, sea memoria y raçón, que la dio y sirbió en ella con una lámpara de balor de setenta Reales; una vestimenta, corporales y bolsa, de costo de treinta ducados .Un jubileo de costo de nobenta y un reales; un misal de precio de dieciséis ducados; un relicario y crismeras con una cruz grande de plata, de balor de mil y docientos Reales; dos candeleros, de balor de doce Reales; dos aras, ocho Reales; una echura de un Niño Jesús, precio quatrocientos Reales. Un yncensario, treinta Reales y otras más cosas que aquí no ban repetidas, que están señaladas, montan dos mil docientos cinquenta y tres Reales, que rentarán más de cien Ducados; con una renta pudiera dotar en la dicha iglesia Asiento y sepultura onorífico, y porque estas Liberalidades piden, de parte de la Yglesia Agradecimiento y reconocimiento para Animalle a más y, a ejemplo suyo, a otros bienechores, y no curarles la boluntad con yngratituz …. Se den al dicho Sebastián Sobrino, en reconocimiento de su liberalidad, un asiento y sepultura onorífica en la dicha nueva parrochia. Y su merced le estimará por mucho favor” firmado y rubricado El Arcediano de Rivadeo”,
(APC. Fábrica de Parres. Santa Visita del año 1646, f.1v).

Una caxigalina y una cosita cosiliega como epílogos
de esta segunda entrega de refranes.

Caxigalina: dicho o sentencia, de carácter jocoso y simple,
con ánimo de hacer reir o sonreir.
¿Juisti a misa? Sí po la fe.
¿Visti los santos? no reparé.
¿Visti la araña? estaba jilando .
¿Visti el moscón? estaba zumbando.
¿Qué es esto? un botón,
por eso zamparás un güen cagayón.
Los dos últimos versos se dicen tocando el pecho del interrogado y,
como mofa, se le pasa la mano por la nariz.
Fue matraca entre niños en las escuelas.

Cosita cosiliega:
“Qué cosita cosiliega es:
Blanco fue mi nacimiento,
azul mi primera flor,
tan grande fue mi nobleza
que al Sacramento llegó.
Respuesta: “El lino”.

Por la grandeza e insuperable calidad de su fibra, la del lino fue la única que sirvió en las misas como sabanilla de altar, depositando sobre ella el cáliz y la hostia consagrada o Corpus Domini. Las rúbricas litúrgicas exigían (hasta el postconcilio del Vaticano II) tres sabanillas de lino puro sobre la mesa de altar, debiendo llegar los extremos de la cimera, casi, a tocar el suelo.
A propósito de la preservación de nuestro léxico,
en la Asturias oriental, quiero terminar esta segunda entrega
de refranes
con la siguiente máxima o sentencia:

En Llanes morimos por la “U” de “perru”,
pero no estamos olvidando de la “J” de “juercia”.

 

Antonio Cea Gutiérrez,

Cronista Oficial de Llanes.

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